



Hace mucho
tiempo, en un pueblecito de las montañas Hartz,
en Alemania, empezaban a prepararse para la
Navidad y como era costumbre, todas las señoras
se dispusieron, escoba en mano, a limpiar y
limpiar y dejarlo todo reluciente para cuando
llegaran las esperadas fiestas. En una de esas
casas, una araña había establecido su nido en
las vigas del comedor y cual no sería su miedo
al ver como la escoba se acercaba peligrosamente
a sus pequeñas hijas. Así que las llamó a todas
y se escondieron un poco más arriba, justo en un
pequeño hueco entre los ladrillos, que casi no
se veía.
Y allí
se quedaron escondidas dos o tres días, hasta
que una noche vieron algo asombroso.

Del
mismo suelo del comedor, había brotado un árbol
centelleante de luces y lleno, desde la raíz a
las puntas de toda clase de cosas brillantes y
deliciosas.
Las
pequeñas apenas podían contener su impaciencia,
pero la madre araña no las dejó salir del nido
hasta que toda la casa estuvo en silencio.
Entonces las arañitas se deslizaron por sus
hilos y bajaron hasta el árbol para ver de cerca
todas aquellas maravillas. Pasearon arriba y
abajo mirándolo todo, tocando los adornos con
sus patas y dando tantas vueltas que, al final,
todo el árbol quedó envuelto en una gran masa de
telarañas y había perdido todo su esplendor.

Justo
aquella noche era la noche en que Santa Claus
llegaba a las casas para dejar sus regalos. Se
rió mucho viendo lo felices que eran las arañas,
pero también sabía que los niños se pondrían
tristes cuando vieran su árbol tan sucio y gris,
así que les preguntó si querían quedarse en el
árbol para siempre. Algunas dijeron que sí y
otras decidieron volver a su nido. Santa Claus
sopló sobre el árbol y, las que quisieron
quedarse, se convirtieron en arañitas doradas y
sus hilos en bonitas y brillantes guirnaldas que
colgaban de las ramas del árbol, haciendo que
éste fuera aún más bonito.
Y esa es
la razón por la que muchas personas ponen arañas
y cintas doradas en los árboles de Navidad.

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Diseño, arreglo de
texto y gráficos de Trenzas.
Noviembre, 2008
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