Pintura de P. P. Rubens

Una pastorcilla ayudaba a cuidar el rebaño de su familia, en unos campos cercanos a Belén. Buscaba una pequeña oveja que se había extraviado y subió por una ladera. Al mirar hacia abajo, advirtió mucho movimiento entre los otros pastores y vio como se apresuraban en dirección al pueblo.

Temiendo alguna desgracia, la niña bajó corriendo a preguntar que pasaba y a dónde iban con tanta prisa. Un pastor que conocía le contestó:

-Vamos a ver al Niño que ha nacido en un establo en Belén. Ya estuve allí esta noche pasada y pude ver que es realmente el Hijo de Dios. Ahora voy a llevar a su Madre una taza de miel.

Y la niña vio que todos los pastores que iban hacia el establo llevaban algún pequeño obsequio en sus manos; quién un poco de queso, quién un trozo de pan, quién una jarra de leche.

¡Y ella no tenía nada...! Quería ir a ver el Milagro, quería ver al Niño, pero no quería ir con las manos vacías. Su padre ya había recogido toda la leche, ella se había comido todo el queso y el pan que le dejaron para el almuerzo...   No, no tenía nada que llevarle y le daba mucha pena y mucha vergüenza no poder hacerle una pequeña ofrenda.

Y se sintió tan acongojada que no pudo evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.

Y entonces una luz muy brillante apareció ante ella y oyó una voz dulce y serena que le decía:

-Ven conmigo.

Eléboro (Heleboro) Rosa de Navidad

Y la luz se acercó a una gran roca y allí, junto a la piedra, surgiendo de la nieve, había una preciosa planta cubierta de flores blancas.

La niña gritó de alegría; ¡Ya tenía un regalo que llevar al establo!

Recogió las flores tan deprisa como pudo y con ellas en la mano corrió hacia el Portal y con una gran sonrisa, se las entregó a María.

Y el Niño Dios también le sonrió a ella desde su cuna de paja.

 

Diseño, arreglo del texto y gráficos de Trenzas Dic. 2008

La música que escuchas: "Baby Mine"